20.7.15

El libro de los sueños rotos

Con el título indicado arriba, el diario 'El Mundo' (Edición Cantabria) publica hoy un comentario sobre mi poemario 'Quebrantología', presentado el pasado miércoles en la librería 'La Vorágine' de Santander.. Su autor, Fernando Llorente, profesor de Filosofía, es autor de diversas obras de narrativa, poesía y máximas, así como un apasionado y muy activo defensor de los derechos del pueblo saharaui. Su última obra, publicada en febrero de este año, se centra precisamente en este tema. Su título: 'Tiris, espiritualidad saharaui. Conversación en Miyk'. He aquí el texto del comentario:

"El incumplimiento de unos sueños que ya se soñaron rotos, esta podría ser la tesis del poemario “Quebrantología”, de José Ramón San Juan, si no fuera porque la poesía es argumento sin argumentación. Editado por El Desvelo Ediciones con elegante sobriedad, la obra se abre con un prólogo de Luis Alberto Salcines, que prodiga versos sueltos, acompañados de una glosa, que en mi opinión le corresponde al lector, pero que bien puede servir para ponerle en situación.

    Se canta lo que se pierde, escribió Machado, al que el autor rememora en dos sentidos poemas-homenaje. “Quebrantología”, más que cantar, cuenta pérdidas como heridas, por si los versos sirvieran como puntos de sutura. Pero, no. El poeta no escribe para conocerse, función que dicen cumple la poesía, sino para decir poéticamente lo que de él sabe. Es la del amor la pérdida más dolorosa, que en su huida deja sentir su cara oculta, la soledad, como en la libertad hoza la sumisión, y en la verdad pulula la mentira, como revela en un poema. Verdad, libertad, amor: espejismos, los considera. El sujeto poético se desliza por la desesperanza, pero sin sumirse en la desesperación, no tanto porque sienta como éxito el fracaso, como porque su escepticismo existencial le llevó desde pronto a sospechar del éxito, como deja patente en sus poemas primeros, últimos de “Quebrantología”.

    Los apartados que componen el poemario se estructuran por tiempos, algunos muy alejados entre sí. Sus cinco partes corresponden a diferentes momentos vitales del autor, todos ellos transidos de un desesperanzado escepticismo. Las dos primeras, “Vértigo y llama” y “La ardiente paciencia”, transitan de la intimidad dolida en soledad, a la solidaridad con los semejantes, víctimas de poderes oscuros, destructores de sueños y de realidades. Solidaridad no exenta de denuncia y rebeldía, de resistencia contra amos y mordazas, no tanto convencido de la utilidad de cuanto diga o haga, como de que hay que decir y actuar, aun sin esperanza (Sartre). Las tres últimas partes se remontan en el tiempo, incluso hasta recuerdos escolares, y dejan constancia de que el sujeto poético ya presentía que a las expectativas la vida no respondería adecuadamente, y que de la felicidad, mejor no hablar, porque lo que se cantan son las pérdidas. O se cuentan, como las cuenta José Ramón San Juan, sin florituras, pero con el rigor de las palabras precisas, no por ello carentes de sencillas comparaciones metafóricas y al ritmo de rimas estudiadas. Y con el apasionamiento de quien sabe que sin él no se puede hacer nada grande. Y “Quebrantología” no es obra pequeña". 

 Pie de foto: Fernando Llorente.

8.7.15

'Quebrantología' (6º avance)

El próximo miércoles se presentará en 'La Vorágine' mi poemario 'Quebrantología', editado por 'El Desvelo' y prologado por Luis Alberto Salcines,.quien hará la presentación junto al editor Javier Fernández Rubio y la actriz Raquel Martín, que leerá algunos poemas de la obra. Hasta esa fecha publicaré aquí periódicamente algunas muestras del libro, que no serán tal vez las mejores, pero sí serán reveladoras -eso intento y espero- de la temática, los estilos y tratamientos de una obra que, con pausas prolongadas y algún accidente frustrante, he realizado a lo largo de casi toda mi vida.


DISTOPÍA

Desde la penúltima esquina del tiempo
que me ha sido dado te contemplo, mundo.
Sumergido en la conmiseración,
impotente ante el dolor de multitudes,
me pregunto si amanecerá algún día
la bondad del hombre por casual
e improbable pirueta evolutiva.

Si considero la historia sólo puedo
concluir desesperanza.
El simio cainita ha progresado, ya sus manos
afanosas casi tocan las estrellas,
pero su vocación genocida sigue intacta.

Evoco la Gran Guerra, la masacre
de Verdún, las trincheras enfangadas,
el terror del gas, los mudos cementerios
bajo una luna ciega y congelada.
Aquello sólo fue el atroz comienzo.
Una generación más tarde se cosecharon
nuevos sinónimos de inhumanidad: Katyn,
Auschwitz, Hiroshima, Dresde, Stalingrado,
Nagasaki, Dachau, Treblinka… Decenas
de millones de muertos por la ambición
estúpida y soberbia de unos pocos
y la fe ciega y servil de pueblos y soldados.

Al hongo nuclear lo siguió la 'guerra fría'
en conflagraciones ardientes y abominables:
Corea, Palestina, Argelia, Vietnam, Malvinas,
Biafra, Afganistán, Irak lo certifican.
Ni la civilizada Europa estuvo a salvo,
como sin espanto pudo verse en Yugoslavia.

Impune, el imperio ahora mata desde el aire,
con bombas inteligentes y drones cobardes,
mientras un secreto conciliábulo de avaros
roba a pueblos plácidos incluso la esperanza.

Y concluyo: ¿Adónde creéis que vamos,
o, mejor dicho, nos lleva esa breve
caterva de gusanos que gobierna la Tierra?
Yo os lo diré: a nuevos holocaustos,
a una distopía final de identidades
encadenadas, perplejas, emasculadas:
a la muerte de la libertad y de la historia.

No era eso lo que soñábamos, hermanos,
y es increíble que podamos seguir durmiendo.
Quienes nos sucedan escupirán
en nuestras tumbas un día su desprecio
y la historia sólo dirá en un negro futuro
que en nuestra época se enterró el sueño.

Excepcionalmente, quiero ilustrar este 'post' con una canción que dió título a mi disco 'Tierra de Nadie', publicado en 1998. La guerra de Yugoslavia, especialmente cruel e inhumana, pudo evitarse, pero la refragmentación de Europa estaba escrita en la agenda del Nuevo Orden. La canción trata de un hecho real, sucedido durante el asedio de Sarajevo.



2.7.15

'Quebrantología' (5º avance)

El 15 de Julio se presentará en 'La Vorágine' mi poemario 'Quebrantología', editado por 'El Desvelo' y prologado por Luis Alberto Salcines,.quien hará la presentación junto al editor Javier Fernández Rubio y la actriz Raquel Martín, que leerá algunos poemas de la obra. Hasta esa fecha publicaré aquí periódicamente algunas muestras del libro, que no serán tal vez las mejores, pero sí serán reveladoras -eso intento y espero- de la temática, los estilos y tratamientos de una obra que, con pausas prolongadas y algún accidente frustrante, he realizado a lo largo de casi toda mi vida.
 






Ya vamos llegando a Pénjamo,
ya brillan allá sus cúpulas…

Canción popular mexicana de Rubén Gómez


Alguien cantaba siempre canciones
                                                           mexicanas
durante la travesía desde Somo
                                                    en lancha,
cuando declinaba
                             lenta
                                    la tarde
del domingo estival y, cansados,
                                                     volvíamos
                                                                    de la playa.
Pénjamo, a punto de atracar, era obligada.


Yo, niño, creía entonces que Pénjamo era
un barrio de la ciudad dormida,
o acaso el nombre del muelle
                                                 de llegada,
y la exótica esdrújula azteca
se hizo sinónimo de retorno
                                              indeseado,
frustrante, a la rutina tediosa
                                               y grisácea.


Melancólico Pénjamo
                                    en una España
plana de encefalograma,
                                         aplastada
en las tardes bajo el serial
y el padre Peyton
                             en la radio,
hipnótica letanía de ora pro nobis,
de miedos innombrables,
frustraciones y renuncias
siempre silenciadas
bajo montañas nevadas de hastío.


El sol, los árboles, la playa,
las canciones
                      decían entonces,
                      como siempre, libertad
en los domingos irrepetibles
del verano de mi infancia,
pero el sol decreciente
                                      desmentía
el mensaje del canto y recordaba
que el estío se termina;
que lo gris
                es lo más cierto
                                         hasta el alba
de una primavera
eternamente aplazada.






26.6.15

'Quebrantología' (4º avance)

El 15 de Julio se presentará en 'La Vorágine' mi poemario 'Quebrantología', editado por 'El Desvelo' y prologado por Luis Alberto Salcines,.quien hará la presentación junto al editor Javier Fernández Rubio y la actriz Raquel Martín, que leerá algunos poemas de la obra. Hasta esa fecha publicaré aquí periódicamente algunas muestras del libro, que no serán tal vez las mejores, pero sí serán reveladoras -eso intento y espero- de la temática, los estilos y tratamientos de una obra que, con pausas prolongadas y algún accidente frustrante, he realizado a lo largo de casi toda mi vida.





10-XI-2010 (MEMORIAL)


Se llamaba Juan Álvarez y tenía
cuarenta y cinco años y familia.
Vivía, mientras fue vida su tiempo,
en un Hospitalet gélido y yermo.

Hasta que la crisis le aplastó fue electricista.
Después llegó el humillante desempleo.
Agotó su subsidio y su esperanza
y, derrotado, abandonó su piso
                                                     de alquiler.

Luego ocupó una vivienda pública
                                                          vacía
(¡pública, pero vacía!
¿quién lo entiende?)
                                   ilegalmente
(eso asegura la justicia ciega).
Cuando el juez ordenó su lanzamiento
(así lo llama el léxico legal)
él se lanzó a la muerte en su locura.

Antes pidió a quien debía
más humanidad, una moratoria,
ayuda y comprensión. Todo
fue inútil, ya nadie le escuchaba ni veía.

Se ahorcó en un parque cercano
a la vivienda que se le negaba.
En el último acto de la tragedia
evitó pasar desapercibido.

Fue el primero de una terrible lista
que, con más miedo que amor o pudor,
se oculta al conocimiento del público.

¡Caiga su sangre sobre las cabezas
de los usureros y sus cómplices!
¡Ojalá sea cierto que hay infierno
para que ardan en él eternamente!

Su nombre era Juan; su apellido, Álvarez.
No lo olvidéis. Él fue el primero. Nadie
ha pagado por llevarle a empellones
de indiferencia hasta la muerte. Nadie.


19.6.15

'Quebrantología' (3º avance)








El 15 de Julio se presentará en 'La Vorágine' mi poemario 'Quebrantología', editado por 'El Desvelo' y prologado por Luis Alberto Salcines . Hasta esa fecha publicaré aquí periódicamente algunos de los poemas que integran el libro, que no serán tal vez los mejores, pero sí serán reveladores -eso intentaré y espero- de la temática, los estilos y tratamientos de una obra que, con pausas prolongadas y algún accidente frustrante, he realizado a lo largo de casi toda mi vida.







LO QUE PERDURA

No me entregues pasión si tú no quieres,
                                                                 si no sabes
                                                                                    o no puedes.
Y sobre todo, no intentes fingirla.
                                                      Inimitables
son el fuego, el fulgor en la mirada,
el vértigo ardiente de la sangre.

No me entregues, pues, pasión.
                                                    Dame ternura.
Eso nunca bastará, pero consuela.
Abandona sobre mí
                                tu cabeza,
                                                 toma mi mano.
                                                                       Caminemos,
mi brazo en tus hombros,
                                          el tuyo en mi cintura,
hacia cuando no éramos
                                         o sólo no sabíamos
que el amor más que certeza
                                               es duda;
que la pasión se extingue;
que tal vez sólo perdura
—tras la tortura del tiempo—
cálida, pálida, suave
y asexuada, la ternura.


15.6.15

'Quebrantología' (2º avance)



El próximo mes -desconozco aún la fecha,  pero será seguramente en la primera quincena- se presentará mi poemario 'Quebrantología', editado por 'El Desvelo' y prologado por Luis Alberto Salcines. Hasta esa fecha indeterminada publicaré aquí periódicamente algunos de los poemas que integran el libro, que no serán tal vez los mejores, pero sí serán reveladores -eso intentaré y espero- de la temática, los estilos y tratamientos de una obra que, con pausas prolongadas y algún accidente frustrante, he realizado a lo largo de casi toda mi vida. Esta es la segunda entrega.







PODER Y DEBER

No, me dices, no se puede
poner puertas al campo.
No se puede
almenar el hogar ante el acoso
de mentiras y mercados.

No, tal vez no, pero se debe
mantener alta la guardia,
apagar el televisor o contestar
a gritos su discurso enajenante.

Sí, se puede y se debe resistir
de modo activo, vigilante,
                                             lúcido;
se puede y se debe
cuestionar las falacias en público
y en privado. Ser consciencia
incandescente, sin desmayo,
aunque todo parezca inútil,
aunque te tome por loco
                                           el vecindario.

Es preciso recuperar la ira.
Y si nunca se conoció, buscarla
(está, junto al miedo, en algún lugar
                                                             que nos negamos);
esgrimir la justa indignación
como instrumento
frente al constante insulto
                                            del poder
a nuestra inteligencia y dignidad,
y despertar a gritos al durmiente
antes de que todos nos tornemos
esclavos, zombis o alucinados
                                                      mutantes.

La dignidad no se improvisa
ni se imposta. Se funda
y se mantiene activando
la conciencia,
                         alimentando
su llama sin pausa ni reserva.

Otra cosa es connivencia,
complicidad aquiescente,
rendición, culpa, vergüenza.
Otra cosa es, en resumen,
la muerte antes de la muerte:
la derrota personal y global
de toda la esperanza.



10.6.15

Próxima publicación: 'Quebrantología'





El próximo mes -desconozco aún la fecha,  pero será seguramente en la primera quincena- se presentará mi poemario 'Quebrantología', editado por 'El Desvelo' y prologado por Luis Alberto Salcines. Hasta esa fecha indeterminada publicaré aquí periódicamente algunos de los poemas que integran el libro, que no serán tal vez los mejores, pero sí serán reveladores -eso intentaré y espero- de la temática, los estilos y tratamientos de una obra que, con pausas prolongadas y algún accidente frustrante, he realizado a lo largo de casi toda mi vida..






NECESIDADES ESENCIALES

Dije Amor y me mostraron
mendaces sucedáneos.
Grité Libertad y servidumbre
                                                  propusieron.
Luego aventuré Verdad,
                                          simplemente,
—como si lo simple fuera
                            algo más
                                             que una mera tontería—
y se partieron de risa
las estrellas
                     y las sombras
convocaron una orgía.

Hoy, tantos años después
de las fatales
                        decepciones
                                               augurales
y de la frustración nunca asumida,
reexamino el centro
de mi mándala
                           risible
                                      y repito
mi mantra sin fatiga:
Amor,
           Libertad,
                           Verdad.
El eco inverso de la historia
y el oscuro presente,
implacables, me responden:
Soledad,
                 Sumisión,
                                   Mentira.

Esa es la realidad que todos
conocemos
pero es la que todos soñamos
                              la que cuenta.
Nada es más posible que lo improbable,
como prueba la historia sorpresiva,
y la renuncia al sueño
—¿hace falta repetirlo?—
es la negación del Hombre, su muerte
                                                                definitiva.


8.1.15

Premio a 'Olivier o el secreto'

El galardón al libro mejor editado en 2013, concedido por el Gobierno de Cantabria, ha correspondido a ‘Ediciones El Desvelo’ por ‘Olivier o el secreto’, de Claire de Duras. Ignoro los criterios utilizados, pero quiero pensar que, además de sopesar la realización material del libro –siempre impecable, cuando se trata de ‘El Desvelo’-, el contenido, del que soy en gran medida responsable, ha tenido algo que ver. Más allá del valor de la traducción, que no presentó apenas problemas, si excluimos algunos arcaísmos y referencias propias de la época (principios del S.XIX), me siento especialmente satisfecho del trabajo de investigación y documentación realizado, que se materializa en el prólogo, el epílogo y las notas del libro, muy convenientes para comprender al personaje principal de la obra (la condesa de Nangis) y el azaroso momento histórico que vivió su autora.

En fin, que me siento también premiado, junto al editor, Javier Fernández Rubio, y al ilustrador, Javier Jubera. Creo que hicimos un buen trabajo y es agradable que se reconozca. El premio fue decidido el pasado 12 de dieiembre, pero hasta hoy no lo hemos conocido. Cosas que pasan.

Ver el blog de 'El Desvelo'

20.3.14

Llanto por la cultura española



Los malos tiempos no lo son sólo en lo económico y social. La ruina no deja rincón sin explorar ni títere con cabeza, y también la cultura, aunque no lo parezca, es un bocado sustancioso para los gigantes empresariales, cuando éstos disfrutan de una saneada situación financiera, como es el caso del grupo Penguin Random House (propiedad de Bertelsmann en un 57% y de Pearson en un 43%). El Grupo Editorial Santillana, otrora matriz original del difunto imperio PRISA y pretérito mascarón de proa de la cultura hispánica dentro y fuera de la península, se ha entregado a los lobos globales por la cifra casi irrisoria de 72 millones de euros. Santillana sólo retiene la división de libros educativos, de la que proceden más del 80% de sus ingresos actuales. El resto es fracaso.

Nombres tan señeros como Aguilar, Alfaguara o Taurus pasan a manos extranjeras y no son los primeros, pues, vía Bertelsmann y Mondadori, el grupo Penguin Random House tenía ya en su poder Plaza y Janés, Grijalbo y Editorial Sudamericana, entre otras editoriales hispánicas. Esto es una derrota irreversible para la cultura española y para su influencia en Latinoamérica, Brasil, Portugal y EE UU. Podríamos ahora cuestionar la desmedida ambición y falta de lucidez y de prudencia del grupo PRISA, o la deficiente gestión específica de Santillana, pero es demasiado tarde para todo, incluso para el pataleo. Tendremos que admitir que, del mismo modo que España gestionó pésimamente su imperio mientras lo tuvo, nuestra entrada en la globalización tiene las mismas características que las de un elefante en una cristalería: un destrozo sin parangón.

Se me dirá que no es para tanto, que la absorción no va a suponer que dejen de editarse libros en castellano, que se reediten parcialmente algunos catálogos, que se descubra a nuevos valores, e incluso se traduzcan con mayor frecuencia a otros idiomas... Ya veremos, dijo un ciego. Lo evidente, por el momento, es que Penguin Random House se ha hecho, a precio de ganga, con un mercado potencial de 500 millones de personas que no se ha sabido rentabilizar desde la casa-madre del idioma. También es evidente que el grupo beneficiario tiene un horizonte global como meta (incluso están ya en China) y unos planteamientos netamente crematísticos y multimediáticos, que priman la venta de millones de ejemplares de un determinado título (best seller) sobre la búsqueda de la calidad, que, con frecuencia, es para ellos un hallazgo casual y afortunado.

Bertelsmann es un emporio con poderosas ramificaciones en el periodismo impreso ( 'Gruner + Jahr') y en la televisión (Grupo RTL), en la música (BMG), en la industria de la impresión (Be Printers) e incluso en la Subcontratación de Procesos de Negocios ('Aravato'). Pearson, por su parte, tiene su significativo origen en el negocio de la construcción (siglos XVIII y XIX), terreno en el que fue una de las mayores empresas internacionales. El capital generado se dirige hacia el mundo editorial en la segunda década del S.XX y hoy, tras haberse apoderado -entre otras editoriales- de 'Penguin' en Reino Unido y de 'Simons&Schuster' en EE UU, es la principal editorial del mundo en el terreno educativo y dueña del grupo 'Financial Times'. Ellos sí lograron hacer real el sueño de Jesús (del Gran Poder, como era conocido) Polanco.

¿Se imaginan la que se montaría si esto sucediera en la  Francia de la 'excepción cultural' y del mimo a los creadores? 

¿Qué se puede esperar de un país como el nuestro, que está atacando a su propia cultura con un IVA desorbitado?. 

Cada día es más triste ser español. Y más que nunca es cierto el diagnóstico de Larra: escribir en España es llorar.  

22.2.14

Antonio Machado, en la memoria

Soy admirador entusiasta de Antonio Machado, pero hoy quiero renunciar a la obviedad gratuita de los adjetivos, a las referencias biográficas o bibliográficas, a evidenciar su vigencia y ejemplaridad como escritor y persona... Sólo quiero, en el 75 aniversario de su tristísima muerte, rendirle homenaje con lo poco que he podido hacer hasta ahora en su memoria.






Último crepúsculo en Colliure

“…me encontraréis a bordo, ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar”.
Antonio Machado, ‘Retrato’

Muere la tarde a mi espalda y en la arena
se alarga mi sombra
                               como un árbol
desmochado y lúgubre en un páramo.
El mar, como la vida, se oscurece
hasta tornarse una masa de alquitrán,
                                                        viscosa.
                                                     
Ni siquiera el piélago canta su rumor cuando
cae la noche, tan triste, de febrero.
Silente, como todos los vencidos
que en el éxodo amargo me acompañan,
ya ni el mar parece mar.
                                     Como yo mismo, se diría
que ha sido tocado por la muerte.
Exhausto y enfermo, vencido hasta el alma,
a esta playa he venido a extender la mirada
mas abrúptamente la noche
                                         desciende                                     
y no hay salida, ni luz, ni horizonte.

Siento que, desde los tuétanos,
un frío insufrible me agarrota.
Es la muerte, sin duda, que avanza
arrollándome la sangre
como un helado cuchillo
nacido de este dolor mío
                                     insoportable.
Esta muerte me acompaña
a lo largo del camino,
                                en la derrota simultánea
de la vida y de la guerra.
Desde Madrid a Valencia,
de Valencia a Barcelona,
oí rugir los aviones
como heraldos precursores
de una aurora sin mañana,
orlada de miles de cadáveres.
Mientras mi muerte se unía a todas las muertes
en cada nuevo golpe de otra España,
                                                       contra toda evidencia
quise cantar la esperanza
pero ya mi voz no era mi voz
ni mi alma era mi alma
ni mi patria era mi patria.


Cuando Caín mata a Abel
por enésima vez, una acerada
quijada rompe la canción,
seca su fuente, agosta las palabras.
Todo se agolpa en la mente
y se torna incoherente
                                  balbuceo
cada intento de discurso.


Sólo el grito, uno infinito y terrible,
es posible cuando cierra la noche
y todo es rabia y temor,                            
                                    todo negrura
y silencio al sur de donde me hallo
más solo que nunca y más cansado.

De espaldas al Poniente en esta noche,
ante un mar opaco que una pared
                                                   semeja.                                       
quisiera creer que, de vuelta a mi cuarto,
hallaré la fuerza y la confianza
para reencontrar mi voz
                                    y escribir
un último canto, pese a todo, de esperanza,
mas me aguardan desvelados, sin quejas,
                                                los ojos, tan fijos,
de mi madre anciana, que parecen
pedir explicación de tanto quebranto
                                                      y mudanza,
y otra noche se me negará el sueño
que tanto preciso sin que mi voz
                                                regrese.

Entre tanto dolor desesperado
aguardaré la muerte, pues. Tan solo eso.
Para mí el camino ha terminado.


21.2.14

'Olivier o el secreto', revisitado (y VII)

Ambas novelas sitúan los problemas de sus personajes en conflictos incestuosos. Stendhal, quien abiertamente reconoció su propio apego a su madre y su odio al padre, fue mucho más allá en la descripción de un complejo de Edipo no resuelto. Duras. sin embargo, subraya el incesto hermano-hermana, aportando un problema que parece más intrínseco para la relación Louise-Olivier. Olivier siempre ha sentido un tabú que le previene de amar a Louise. En Armance, si la impotencia ciertamente es el problema,  lo es hasta cierto punto; Octave trata con prostitutas, realmente se casa con  Armance, y ésta parece completamente satisfecha desmayándose en sus brazos, lo que sugiere que el deseo existe más allá del falo, (7) Stendhal escribe crudamente a Merimée que hay soluciones para el problema de la impotencia y procede a nombrarlas. Además, como astutamente observa Waller, Stendhal transforma la falta masculina en una femenina, escribiendo, "estoy seguro de que muchas chicas jóvenes no saben exactamente en qué consiste el matrimonio físico" (Lebegue, xxxiii). Continúa diciendo que muchas jóvenes preferirían el celibato durante tres o cuatro años para evitar arruinar su figura (xxxiii). Duras, por su parte, describe un tabú insuperable entre dos enamorados, situándolos en los lazos incestuosos de su infancia, mientras en el Octave de Stendhal el problema precede a su relación con Armance y es en consecuencia más fundamental para su naturaleza. Habiendo demostrado ampliamente la supervinculación de Octave a su madre, Stendhal sugiere que la incapacidad para amar de éste procede de ese lazo madre-hijo. Además, finalmente Octave revela su secreto a Armance, mientras Louise nunca lo conoce, a no ser que Olivier se lo susurrase antes de quitarse la vida, una escena de la que no tenemos conocimiento. Es significativo que la autora femenina sitúa el problema de los amantes dentro de la relación, en tanto que el autor masculino describe el personaje solitario cuyo problema está dentro de él y probablemente procede de la relación con su madre.

En Olivier, hasta el suicidio de su protagonista no sabemos lo que exhala, pero nuestra imaginación rellena los vacíos. Remedando el destino de olvido literario de la propia Duras (Jennings, 40), se nos deja con la imagen de Louise repitiendo un peregrinaje al roble donde su amor encontró su fin. Stendhal nos da todos los detalles de la defunción de su héroe, pero priva al lector de la reacción de Armance, salvo al relatar crípticamente que ella y la madre de Octave ingresan en un convento. El final de Duras para su personaje femenino es mucho más desgarrador, al sugerir que esa mujer está condenada al olvido y a la repetición compulsiva en busca del falo, el roble, sin encontrar nada allí.

Foto: Librería y editorial de Jose Corti, en París. En 1971 'Olivier o el secreto' dejó de ser una obra inédita gracias a este editor y al estudio de Denise Virieux 

Notas

1. Michel Pierssens encuentra una conexión entre los fascinantes orígenes de Armance y su tema de la incapacidad para reproducirse, aludiendo, por supuesto, al secreto del protagonista, dando por sentado que es la impotencia. 
2. Aparece al principio del manuscrito original de Armance, vol. 2, "Idee de fevrier 1826". 
3. Stendhal, Courrier Anglais, 1 Dec. 1825 2: 333; citado in Waller 117.
4. Escrito en un interfolio del original manuscrito Armance (Lebegue, li. n. 2).
5. Ibid. 4.
6. Margaret Wailer apunta que él mantiene continuidad con los dos Oliviers pero también con los nombres de muchos héroes del mal du siecle al elegir nombres que comienzan en O, como en el Obermann de Senancour, el Oswald de madame de Stäel, y Ourika de Duras. La letra O  denota carencia por su forma (131).
7. Katherine Jensen, "Sex and Sensibility in Armance", ensayo inédito, citado en Waller, 129.


Bibliografía

Barberis, Pierre. "Armance, Armance: quelle impuissance." Stendhal : 
Colloque de Cerisy-la-Salle. 30 juin-10 juillet 1982. ed. Philippe Berthier. Vol. 14. Paris: Aux amateurs de livres, 1984. 67-86.

Bellemin-Noel, Jean. L'autre encombrant: Stendhal/Armance. Lille: P Universitaires, 1985.

Bertrand-Jennings, Chantal. "Condition feminine et impuissance sociale: Les Romans de la duchesse de Duras". Romantisme 18.63 (1989): 39-50.

Crichfield, Grant. Three Novels of Mme de Duras. The Hague: Mouton, 1975.

Diamond, Marie. "The Letter of Repression in Stendhal' s Armance. "Nineteenth Century French Studies 18.1&2 (1989-90): 41-55.

Duras, Claire, Madame de. Olivier ou le secret. Paris: Librairie Jose Corti, 1971. En castellano: Olivier o el secreto: Ediciones El Desvelo, 2013.

Felman, Shoshana. La folie dans l' oeuvre romanesque deStendhal. Paris: Corti, 1971.

Gaillard, Françoise. "De la repétition d'une figure: 'Armance' ou le récit de l'impuissance." Liitterature 18 (1975): 111-26.

Lebegue, Raymond, ed. "Avant-propos bihliographique et critique." Armance. Oeuvres completes de Stendhal Geneve: Edito-Service S.A., 1967.

Pierssens, Michel. "Armance': entre savoir et non-savoir." Litterature 48 (Dec. 1982): 21-35.

Renaudin, Christine. "Du titre en question: d' Armance a Octave, d'Octave a Armance." Nineteenth-Century French Studies 18.1-2 (1989-90): 56-64.

Rosi, Ivanna. "Il gioco del doppio senso nei romanzi di Madame de Duras." Rivista di Letterature moderne eComparate. 40.2 (1987): 139-59.

Schor, Naomi. George Sand and Idealism. New York: Columbia UP, 1993.
Stendhal [Henri Beyle]. Armance. Oeuvres completes. Ed. Raymond 

Lebegue. Vol. 5. Geneve: Edito-Service Altered Narratives - 107 S.A., 1967. Abbreviated as A. 

Stewart, Joan Hinde. "Designing Women." A New History of French Literature. Ed. Denis Hollier. Cambridge: Harvard UP, 1989. 553-58.

Talbot, Emile. "The Impossible Ethic: A Reading of Stendhal's Armance." French Forum 2.3 (May 1978): 147-58.

Virieux, Denise. "Introduction." Olivier ou le secret. Paris: Librairie Jose Corti, 1971: 11-124.

Waller, Margaret. The Male Malady: Fictions of Impotence in the French Romantic Novel. New Brunswick: Rutgers UP, 1993.

20.2.14

'Olivier o el Secreto', revisitado (VI)

En Olivier, el lazo incestuoso se halla entre hermano y hermana y no es tan explícitamente edípico, sin embargo, en una observación más cercana, veremos que no es tan diferente como parece. Louise y Olivier tienen un lazo narcisísta de infancia como primos. Cuando Olivier estuvo enfermo a la edad de diecisiete años, Louise enfermó también, como Mme de Malivert, quien desarrolla un problema pulmonar simultáneo al de su hijo. Olivier se considera a sí mismo hermano de Louise, algo que es anunciado tan pronto como en la primera carta y es constantemente repetido a lo largo del texto. En el manuscrito revisado, Olivier vuelve a ser su hermano, pero Crichfield no considera convincente esta versión. Está establecido específicamente que son primos y sus padres improbablemente habrían acordado un matrimonio juvenil entre ambos (al que Olivier decidió objetar) porque alguien conocería la verdad (25). Es llamativo que el miedo de Olivier a Louise es expresado compulsivamente como temor a caer por un precipicio a un abismo, sugiriendo miedo a la absorción femenina, miedo a la madre. De hecho ambos libros narran las trágicas consecuencias de un complejo de Edipo mal resuelto. En tanto que vemos el obvio lazo emocional madre-hijo en Armance y debemos concluir que Armance representa una sustitución de la madre de Octave y por lo tanto es tabú, en Olivier contemplamos el apego hermano-hermana entre Louise y Olivier y podemos presumir que está relacionado con un conflicto edípico.

Tenemos muchas pistas de que Olivier asocia a Louise con su madre. Él compara su amor de infancia con mamar del pecho de su madre. En la primera línea del texto Olivier habla de deber y división, de autoridad patriarcal y adhesión maternal, las improntas del complejo de Edipo: “yo le obedezco, mi querida prima (...) usted quiere que terminemos nuestras tristes particiones". Luego añade, "o más bien es el señor de Nangis quien lo quiere". Es la Ley del Padre, su marido en este caso, quien determina que las particiones deben concluirse. Él continúa "yo amaba, le aseguro, esta comunidad de intereses, era un resto del afecto que ha unido a nuestras madres". Vemos la vinculación a las madres, las tácticas separadoras del "padre" y la necesidad del sometimiento. Él sufre un sentimiento de impureza: "un profundo disgusto se adhiere para mí a todo lo que poseo". Él está lleno de anhelos insatisfechos: "envidio todo lo que no tengo", el mecanismo básico del deseo. "El mundo está lleno de estos dolores secretos", escribe, reconociendo la universalidad de la situación. En otra carta, dice que el deber nace de restricciones y que en una ocasión en su vida (aludiendo a su decisión de no casarse con Louise), Olivier afirma que cumplió con su deber, "¡cuánto me ha costado! Yo debería, Adele, seguir su voz severa". La severa voz sugiere el superego paternal. Ostensiblemente el deber es el de no casarse bajo falsos pretextos, en tanto que no sería capaz de engendrar un hijo. En otra carta escribe, "la felicidad de la que debo huir no cesa de obsesionar todos mis pensamientos, y mi imaginación multiplica los encantos para aumentar mi suplicio". De nuevo el amor es prohibido y castigado. Tanto en Armance como en Olivier, es curioso hasta qué punto los protagonistas masculinos están llenos de culpa y autodesprecio por su secreto. Octave se considera un monstruo y totalmente despreciable. La intensidad de la reacción de ambos hombres ante su condición implica que hay más que la impotencia en juego. Tomado en sentido literal, también sugiere que la impotencia es el peor mal que puede sucederle a un hombre. . 

Louise intuye, asimismo, algo ilícito en su amor a Olivier: "¿Es posible que yo disfrute esta felicidad en la inocencia , que nada me prohiba sentirla y que mi vida deba transcurrir así? Yo sé que esto es imposible, que la condición de la humanidad se opone a ello". Ella está rompiendo las reglas de la sociedad amando a su "hermano", y es su "madre-hermana". Su afirmación también proclama que en la sociedad todos estamos reprimidos por reglas. Más tarde compara a ambos con gemelos siameses, destinados a vivir sus vidas juntos, explicando, "no tenemos más que una vida entre nosotros" (...) "la misma sangre corre en nuestras venas y hemos recibido el amor de nuestras madres con su leche". Cuando Olivier responde diciendo que  "nuestro estado natural es estar juntos", y "nuestras dos vidas, nuestras dos almas, ¿no están unidas por una cadena indisoluble?", se hace evidente que la metáfora de los gemelos siameses también sugiere una regresión al vientre materno. el énfasis sobre la leche de la madre y a una condición física en la que dos cuerpos y dos y dos riegos sanguíneos son unidos, ligados por un cordón, invoca también el embarazo. Él enfatiza que es su "primer amigo", italianizando "primer," y evocando así una relación padre-hijo tanto como la de novios. En la misma carta él escribe, "algunas veces tu recuerdo me atormenta mucho más que tu presencia"; es su pasado, no el presente lo que constituye el problema. De hecho sería justo lo opuesto si la impotencia fuera el único obstáculo para su amor. Olivier grita de celos de su potente rival de Rieux, y habla en frases cortas, como un niño: "¡Él la ama, la pretende a usted, ese pensamiento me es insoportable! Yo soy celoso, soy injusto, lo siento". Amenazada su hombría, se convierte en violento e intenta matar a su rival en un duelo secreto. Hay un indicio en toda esta sección del hijo celoso que intenta matar a su omnipotente padre. Como Octave, quien decora su nuevo dormitorio con tres espejos, Olivier ama encontrar en Louise la imagen y el reflejo de todo lo que él siente: "unión deliciosa, seguridad conmovedora, ¿es a esta felicidad a lo que hay que renunciar?"  Uno oye claramente el llanto del niño. Finalmente, Olivier escribe que por dos veces ha abandonado a "la que nunca he dejado de adorar". Alude, por supuesto, a su presente rechazo a casarse con Louise y a su primer rechazo en la adolescencia, pero la idea de renunciar dos veces al objeto amoroso también evoca el primer objeto de amor del sujeto, la madre, a la que también tuvo que renunciar. Ha abandonado a la mujer que ama dos veces, ya que ha abandonado a su madre y a su madre sustituta, Louise.

'Olivier o el Secreto', revisitado (V)

Shoshana Felman escribe que Armance está organizada en torno a un "cierre". "Tenemos una "llave" del secreto, una carta que Stendhal escribió a Merimée, en la cual revelaba la impotencia secreta de Octave, pero consideraba parte integral del texto que el secreto no sea revelado (170). La ausencia es esencial, en vez de que lo esencial esté ausente (170). Gaillard escribe que nunca sabemos el secreto porque su falta sólo puede ser expresada por la falta de alusión a ella (124). Se nos deja la presencia de las cartas, pero con una ausencia de revelación. Sin embargo, la mayoría de los lectores encuentran frustrante ese estado de cosas, porque, desde luego, no se puede adivinar fácilmente el secreto, por más astuto que sea el lector. Y una vez que se nos dice que el secreto es la impotencia masculina, ¿cómo excluimos esa tentadora solución de nuestras mentes? Oscilamos entre la negativa y el reconocimiento en una relación fetichista con el texto; conocemos el secreto, ¿pero debemos creerlo? Cuál sería nuestra lectura del libro sin ese conocimiento exterior? ¿Podría ser diferente el secreto y podemos leer los textos sin responder a la cuestión? La respuesta es obvia si uno lee el soberbio comentario que ha aparecido en Armance a lo largo de los años; pocos han considerado la misma posibilidad para Olivier. Algunos han argumentado que el secreto no es revelado porque la impotencia era un tema demasiado embarazoso en aquel tiempo. Merece la pena apuntar que Sand, en el mismo periodo, describió la impotencia femenina en Ulia. No es sorprendente que mencionar la frigidez fuera menos embarazoso, dadas las actitudes predominantes respecto a la sexualidad femenina, mientras la alusión a la impotencia se consideraba indelicada. Otros críticos, como Barberis, han negado que la tesis de la impotencia sea plausible. Bellemin-Noel y Felman se han centrado más en la enfermedad mental, mientras el anterior privilegia obvios indicios de que Octave puede ser homosexual (75)
.
En ambas novelas, los autores evitan lo que Waller describe como "el guión cómico de la cultura para un hombre impotente, que lo haría objeto de risión o un personaje de farsa" (132). Sin embargo, en una significativa diferencia de género, Duras facilita el humor constante mediante el uso del doble sentido, en tanto que el texto de Stendhal evita tal burla de una condición masculina tan delicada. Los ejemplos dados en Olivier son numerosos. Hay, por ejemplo, una repetición constante del verbo faltar en relación con Olivier. Louise escribe que no comprende por qué Olivier no experimenta la felicidad. "Yo sé que se puede poseer sin disfrutarlo". Olivier se lamenta, "hay deseperaciones crónicas, ... roen, devoran, matan, pero no hacen guardar cama". Quizás el más divertido es el comentario de Olivier a Adele: "más miserable que la caña, yo me pliego y no me vuelvo a alzar" (155). En contraste con Olivier, la impotencia no es  generalmente risible en Armance, con la posible excepción del aserto del narrador en el sentido de que "Octave carecía de penetración, pero no de carácter". Nosotros sólo podemos preguntarnos, si realmente podemos, a través de una referencia cultural a 'Abelardo y Eloísa' y una cita de Marlowe que  Stendhal refuerza traduciéndola más tarde al francés: "Melancolía marcada por sí misma, cuyo ambicioso corazón sobrevalora la felicidad que no puede gozar"; "una imaginación apasionada lo retrata para exagerarse los goces que no podrá disfrutar". Hay tambvién escenas reveladoras en las que Octave huye de la descripción del acto sexual. Bellemin-Noel discute la referencia a los malhadados amantes medievales argumentando directamente que castración e impotencia no son sinónimos (26). En lugar de la castración él insiste en el complejo de Edipo, que está mucho más explícito en el texto.

El comentario de Bellemin-Noel aporta uno de los puntos más interesantes de comparación entre las dos novelas, que es la elección de ambos autores al situar el secreto dentro del contexto de relaciones pisológicamente incestuosas. Stendhal implica más directamente el lazo madre-hijo, lo cual, de acuerdo con Waller, es una innovación en la literatura del mal du siecle, en la que la madre estaba significativamente ausente (199 n. 23). Duras imita más conscientemente René al insistir en la relación hermano-hermana. Stendhal también crea un lazo ligeramente incestuoso entre sus enamorados sobre la base de que son primos y que ambos llaman "mamá" a la madre de Octave. Pero Stendhal describe de una modo chocantemente directo el apego de Octave a su madre. El padre es dibujado de un modo negativo y es prácticamente inexistente, lo cual es norma en la producción novelística de Stendhal. La primera línea de la novela prefigura el escenario; "tal era el deseo constante de un padre que él respetaba y de su madre, a la que amaba con un a especie de pasión".  La residencia de los Malivert es sofocante e inmóvil, "sobrecargada", carente de luz, y su habitación tenía el techo muy bajo. Él le dice a su madre: "yo disfruto de la felicidad de estar solo contigo, mi único placer consiste en vivir aislado". Rechaza ir al teatro y prefiere quedarse en casa con su madre: "yo me quedo donde soy más feliz". Y lo explica: "¡Ay, querida mamá! la vista de todos los hombres me entristece por igual, yo no amo más que a ti en el mundo". La repentina desaparición de la madre del argumento sugiere que él está intentando reprimir su amor por ella mientras transfiere su afecto a Armance, quien es mucho más parecida a él.  La decisión del Octave adolescente de no amar nunca puede ser vista como resultante de su incapacidad para alejarse de su madre. Diamond lo interpreta como obediencia a un código feudal, una forma de 'la Ley del Padre'. (45). Octave pierde su 'amor filial' y rompe su voto una vez que se enamora de Armance.

La madre, según Bellemin-Noel, está en todas partes, esperando para absorber a Octave. Está acechando de modo más obvio a Armance. Sus iniciales, A. Z., abarcan el alfabeto, mientras la O de Octave está en el medio. Armance es como una hija para Mme de Malivert, quien la persuade para que se case con su hijo. Bellemin-Noel hace varias referencias a Armance en un contexto maternal, por ejemplo una reiterada a la gargantilla de diamante que la propia madre de Armance le había dado (82). La madre también está, naturalmente, cuando ambos se retiran a Ardilly, y más especialmente en Grecia. Allí muere él en el  "Mer Méditerranée" , acurrucado junto a las maromas el 3 de Marzo, reforzando las fechas doblemente el edípico número tres; él se ha suicidado con opio y digitalis, también denominada "doigt de Notre Dame". Armance y la madre de Octave son unidas eternamente al final de la novela al retirarse ambas al refugio femenino de un convento. El suicidio puede ser interpretado de diversas maneras: como un rechazo de su identificación con Armance/madre, como un sometimiento a la Ley del Padre al privarse a sí mismo de su madre sustituta, como un regreso a la madre simbólica en tanto que muere en la "mer"; como un asesinato de Armance mediante su propia muerte, puesto que él ha 'introyectado' en sí a la madre (Bellemin Noel, 84). Waller interpreta el suicidio de Octave como un sobreprivilegio del falo tal cual, pese al hecho de que Armance es feliz sin él (tras su matrimonio aparenta estar satisfecha sexualmente), Octave debe verlo como indispensable y se inmola por su carencia (129) . Al contrario que en Olivier, la muerte de Octave es politizada. Él va a Grecia a luchar por la libertad en un gesto épico, pero ni siquiera llega e incluso muere sin haber luchado. Diamond anota que Stendhal contrasta el sino de Octave con el de Napoleón, a quien él recuerda a su paso por Córcega. Su estatus como héroe fallido es trasladado al fracaso de la Revolución y al de su propia clase social. La impotencia sexual y social se intersustituyen y el motivo de su impotencia se convierte en ideológico  (Gaillard, 117-18).

(Continuará)

Nota bene:El hecho de que me haya 'embarcado' en la traducción de este ensayo de Lauren Pinzka no supone, en absoluto, que suscriba la totalidad de su contenido. Simplemente, me pareció interesante la confrontación que plantea entre los modos en que dos escritores tan diferentes por su origen, talante y biografía como Claire de Duras y Stendhal abordan y desarrollan la misma historia, creada por la primera, aunque inédita hasta 1971 Y es ciertamente interesante, pero, especialmente en esta cuarta entrega de la traducción en 'Desolaciones', ciertas características un tanto excesivas -y excesivamente especulativas- del texto original que ya se empezaban a apuntar con anterioridad se desbordan hasta un punto casi ridículo. No es el momento de entrar a fondo en tales cuestiones, dado que la traducción está incompleta, pero, como responsable en gran medida de la primera edición en castellano de 'Olivier o el secreto' y conocedor de la intrahistoria de la obra y de su autora, considero oportuno y necesario hacer algunas puntualizaciones una vez concluida la traducción.

Imagen: El centenario roble de Beauval, tótem recurrente de la historia relata en 'Olivier o el Secreto'. 

18.2.14

'Olivier o el Secreto', revisitado (IV)

En su excelente análisis de Olivier, Ivanna Rosi apunta que Duras emplea eficazmente la forma epistolar para mostrar los límites de la noción de confidente. En lugar de funcionar como un foro para expresar la propia alma, las cartas en Duras revelan los aspectos negativos de la escritura de cartas. Olivier siempre está defendiéndose de la presión de las demandas de Adele y Louise  y nunca confía su secreto (aunque llega a ofrecerse a hacerlo). La distancia geográfica significa que las cartas siempre llegan tarde con relación a los acontecimientos, en ocasiones con resultados desafortunados (Rosi, 145). Por ejemplo, Adele pide a Olivier que deje sola a Louise inmediatamente tras la muerte de su marido, lo cual es malinterpretado por Louise como una falta de amor (0 157). Adele provoca en Louise el sentimiento de estar siendo juzgada, como evidencian sus frecuentes peticiones de no ser juzgada en sus últimas cartas, también ella juzga precipitadamente a Olivier y cree que quiere casarse con Louise. Cuando Olivier describe con más y más detalle los síntomas de su infelicidad, Adele le pregunta para averiguar su secreto. Urgiendo a Louise a encontrar el origen de la pena de Olivier, Adele la incita a que le pida que revele su secreto, lo cual éste asume atormentadamente. Entonces Louise renuncia a su necesidad de saberlo y, en un esfuerzo erróneo por ayudarle, ofrece convertirse en su amante. Horrorizado, él intenta repetidamente escribirle una carta, quemándolas todas finalmente, y se suicida al día siguiente.

Como escribe Pierssens, los personajes de Duras 'se dicen', pero los de Stendhal pasan el tiempo sin hablar (24). Aunque es cierto que son más comunicativos que en la versión de Stendhal, tal vez reflejando el hecho de que Olivier fue escrito por una mujer, debe notarse que Duras también subraya los problemas de comunicación y de su ruptura. Después de todo su héroe no puede escribir, y mucho menos hablar, de su secreto. Las cartas no son menos destructivas en  Armance. Octave confía su secreto en una carta, mostrando que Stendhal lo considera menos imposible de divulgar,  pero es inducido mediante una carta falsa a creer que el amor de Armance no es sincero, por lo que, en principio, destruye su confesión. (El lenguaje siempre es falaz en la ficción de Stendhal.) Pese a todo, ambos se casan y Octave parte a Grecia, viaje durante el cual se dará muerte. En ambas novelas las cartas conducen en última instancia a la muerte. .

Los cuatro protagonistas creen que trasladar los sentimientos a palabras empeora las cosas, transmitir el alma nunca es visto como saludable. Olivier cree que confiar su secreto lo hará un obstáculo mayor y que el acto de confesarlo servirá para persuadirle de su realidad. Puede fingir que no es cierto si no lo traduce a palabras. Louise tiene la misma creencia, escribir el lenguaje terrible de la revelación de secretos sólo se aprende a costa del sosiego. Ella afirma que, aunque se paga muy caro no tener el derecho a hablar, confesar un secreto dista de ser un alivio. A su hermana le dice que al describir sus tormentos sólo los acrecienta. En Armance, Octave es agudamente sensible a las palabras, los tonos y los acentos. "Las palabras disponen de su vida". Sólo es capaz de revelar su amor a Armance cuando ella se desmaya, momento en el cual él murmura "nunca te he amado tanto". Afortunadamente, ella despierta para oír sus palabras. Sólo bajo amenaza de muerte puede él decir el nombre de Armance, y es el proceso del habla lo que le finalmente le da vida (Felman, 177): "nombrar a Armance fue una revolución en la situación de Octave, pues el se atrevía a pronunciar ese nombre, cosa que se había prohibido tanto tiempo."  Pero más tarde  Octave niega su amor por ella hasta que piensa que está al borde de la muerte tras un duelo. Entonces escribe a Armance con su propia sangre, "usted será separada de quien le amaba más de lo que un padre ama a su hija", una proyección del vínculo edípico que tiene con ella.

Hacia el final de la novela él escribe una carta confesando su secreto, poniendo en palabras su vergüenza, pero, revelando su ambivalencia, la pone en una caja naranja en la que él y Armance dejaban con frecuencia las cartas que se dirigían. Es ahí donde encuentra la falsa carta, supuestamente de Armance, por lo que recupera su propia misiva para enviársela únicamente antes de suicidarse. Otra vez la muerte es la condición para que la comunicación tenga lugar. En contraste, la muerte aporta sólo un secreto absoluto e inescrutable en Olivier (Rosi, 147). Sin embargo, para el lector el secreto es incognoscible en ambas novelas. Felman escribe que el secreto de Octave, escrito pero nunca dicho, se convierte en una vasija, un significante, un signo vacío, sin significado (187). Toda la tensión de la novela prepara el camino al anti-clímax: "el escribió una carta de diez líneas". El contenido se ha hecho irrelevante. Felman escribe, "Armance es la novela de la palabra imposible" (174), concluyendo que la auténtica impotencia de Octave es lingüística.

Duras permite a sus protagonistas revelar abiertamente su amor recíproco, por el contrario Stendhal mantiene a sus desdichados enamorados en una danza de incomunicación a través de la novela. Olivier y Louise finalmente se comunican directamente sobre su amor, aunque él, como Octave, no puede forzarse a decirle su secreto. Al preguntarle a ella a quién escogería en el caso de volver a casarse, él interrumpe su respuesta cubriendo su boca y gritando,  "¡No me lo nombre! ¡No me lo nombre! ¡Louise, yo no quiero saberlo, déjeme vivir todavía algunos días!". Su arrebato demuestra el poder del habla en Olivier. Cuando Louise le pide que confíe en ella, que comunique (algo que el personaje masculino de Armance nunca hace), él alude a "un obstáculo, un motivo, un deber" y huye. Cuando Octave intenta en persona decir su secreto a Armance en cierto momento, sus facciones se contraen (quizás una alusión a la impotencia) y sus labios se convulsionan. Los enamorados de Olivier se vuelven a ver otra vez e incluso tienen una discusión más directa sobre su amor, algo  que nunca ocurre en Stendhal. Éste, de ese modo, lleva más lejos que Duras el tema del secreto y la inexpresividad. Armance también asegura tener un secreto eterno, que hay alguien con quien debe casarse, lo cual es patentemente falso. Aunque el amor de Louise por Olivier constituye un secreto que es descubierto por su pretendiente De Rieux,  ella nunca finge con Olivier que también tiene un impedimento para el matrimonio una vez que su marido ha muerto.

Estas dos obras delinean un destino común, el olvido, seguido por un resurgimiento común del interés y una relación familiar entre los enamorados, una relación madre-hijo, para ser exacto. Ambas son historias de amor imposible, obstáculos y suicidio. El protagonista masculino enfrenta un impedimento desconocido para consumar su amor por la heroína, y, al final, se quita la vida. El lector moderno es atrapado en un dilema peculiar al leer Olivier y Armance. Ambas novelas negarían la satisfacción del lector, pero del mismo modo que el salón de Mme de Duras conocía el secreto y así podía reírse interiormente de los dobles sentidos en su obra, también nosotros sabemos el secreto si leemos la introducción del libro. Quizás finalmente tenemos un argumento definitivo contra la lectura de las introducciones, que, desde luego, influencian nuestra interpretación, no permitiendo el privilegio de una primera lectura. (*) Muchos críticos han rechazado el "conocimiento" transmitido por las introducciones, arguyendo, muy convincentemente, que nosotros no conocemos el secreto y que no necesitamos conocer el secreto, es irrelevante.

(Continuará)

(*) Conscientes de ese problema, en el prólogo de la edición en castellano de 'Olivier o el secreto' (Edciones El Desvelo, 2013) obviamos deliberadamente el tema del secreto, que, sin embargo, es central en el epílogo..

Imagen: Portada de la primera edición de 'Armance', en 1827.